Rivadavia y la memoria enterrada de los Huarpes: las huellas invisibles que aún habitan el Este mendocino
Por Carlos Calderón
Cuando los vecinos de Rivadavia observan los viñedos, recorren las fincas, escuchan correr el agua por las acequias o contemplan el cauce del río Tunuyán, pocas veces imaginan que bajo esas mismas tierras descansan siglos de historia anteriores a la llegada de los españoles.
Las investigaciones arqueológicas desarrolladas en Mendoza durante las últimas décadas han comenzado a reconstruir un escenario que durante mucho tiempo permaneció oculto: la presencia de comunidades huarpes en amplias zonas del Este mendocino. Aunque gran parte de las evidencias materiales fueron alteradas por más de un siglo de actividad agrícola, los estudios coinciden en que resulta altamente probable que el actual territorio de Rivadavia haya formado parte de la vida cotidiana de aquellos antiguos habitantes de Cuyo.Los hallazgos son modestos, pero significativos. Fragmentos de cerámica, instrumentos de piedra y vestigios de antiguos asentamientos temporales aparecen dispersos en distintos sectores de la región. No son grandes monumentos ni ciudades perdidas. Son señales silenciosas de una forma de vida profundamente adaptada al paisaje.
Los Huarpes conocían los ritmos del agua y del desierto. Cultivaban maíz, porotos y zapallos. Recolectaban algarrobo y chañar. Criaban animales menores y cazaban en las llanuras cercanas. Aprovechaban los recursos que ofrecían los humedales y los antiguos brazos de los ríos. El Tunuyán, mucho antes de las obras modernas de irrigación, era una verdadera columna vertebral de la vida regional.
Aquellas comunidades desarrollaron conocimientos sobre el manejo del agua que hoy adquieren una resonancia especial en una provincia donde cada gota cuenta. Su relación con el territorio no estaba basada en la explotación intensiva, sino en una convivencia prolongada con los ciclos naturales.Quizás por eso la pregunta más interesante no sea solamente dónde estuvieron los Huarpes, sino cuánto de ellos permanece todavía entre nosotros.
La identidad de los pueblos no desaparece completamente. Se transforma. Se mezcla. Se adapta. En ocasiones queda oculta bajo nuevas capas culturales, esperando ser reconocida.
La vida rural del Este mendocino, el apego a la tierra, la valoración del agua, las prácticas comunitarias asociadas al trabajo agrícola y ciertos modos de habitar el paisaje podrían contener rastros culturales mucho más antiguos de lo que habitualmente imaginamos.
Durante generaciones, la historia oficial privilegió el relato de la colonización, de las campañas de poblamiento y del desarrollo agrícola moderno. Sin embargo, antes de los alambrados, antes de las bodegas y antes de las trazas urbanas actuales, existieron otros pobladores que conocieron estas mismas tierras y construyeron aquí sus propias formas de vida.
La arqueología contemporánea está permitiendo recuperar parte de esa memoria. No para sustituir una historia por otra, sino para completar un relato que durante mucho tiempo quedó incompleto.
Rivadavia posee todavía un enorme potencial para futuras investigaciones. Cada descubrimiento ayuda a reconstruir una historia más profunda del territorio y de quienes lo habitaron. Bajo los cultivos, los caminos rurales y los barrios actuales pueden permanecer nuevas evidencias esperando ser estudiadas.
La recuperación de la memoria huarpe representa mucho más que un ejercicio académico. Es una oportunidad para comprender que la identidad local posee raíces más extensas, diversas y antiguas de lo que tradicionalmente se enseñó.
Tal vez el mayor desafío del presente sea aprender a mirar el paisaje con otros ojos. Entender que bajo cada surco abierto por la agricultura moderna, bajo cada acequia y junto a cada recodo del Tunuyán, aún sobreviven fragmentos de una historia que no desapareció por completo.
Porque las culturas pueden ser silenciadas, invisibilizadas o relegadas. Pero mientras existan preguntas, investigaciones y comunidades dispuestas a recordar, ninguna memoria permanece definitivamente enterrada.


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