domingo, 7 de abril de 2013

FLORENCIA ALVAREZ: MALAMBISTA AUTODIDACTA CON PERSONALIDAD Y VESTIMENTA RIVADAVIENSE EN EL CONCURSO NACIONAL DE MALAMBO

(Reproducción diario Los Andes. Autora de la nota: Ángeles L. Acosta)

La única malambista mendocina es autodidacta

Florencia Álvarez (17) baila desde los 4 años todo tipo de danzas. Así llegó a esta disciplina “para hombres”. “Me eriza la piel”, dice cuando ve o escucha el malambo. Su amor por el arte del zapateo le permitió aprenderlo cuando nadie le quería enseñar. Acaba de ser seleccionada para un concurso nacional.

 
La única malambista mendocina es autodidacta Enamorada de la danza. “Voy a bailar hasta que Dios me dé salud para hacerlo”, dice Flor
 (Patricio Caneo / Los Andes)
"Querés que te muestre cómo zapateo?”, pregunta con entusiasmo a esta cronista Melanie María Florencia Álvarez. Se trata de la rivadaviense de 17 años que fue seleccionada para participar en un concurso nacional de malambo con cien participantes de todo el país (solo cinco mujeres). Tradicionalmente esta es una disciplina casi “exclusiva” para hombres.

Y es por eso que a Flor -como le dicen todos- le costó tanto ingresar en el ambiente, y esta selección le resulta doblemente valiosa. Incluso, al día de hoy no ha conseguido ningún profesor que le quiera enseñar la técnica. Pero eso no la ha detenido, por el contrario le dio más fuerza y se convirtió en una autodidacta. El festival en el que mostrará su zapateo se llama “El mejor de 100” y su primera edición tendrá lugar el 25 de mayo en Córdoba.







Flor, que vive en Rivadavia junto a su familia, empezó a bailar a los 4 años.

Pero mejor dejemos que sea ella misma quien cuente su historia porque la pasión que imprime en cada una de sus palabras, cuando habla de su amor por el baile, es difícil de traducir.
 
“A los 3 años y medio ya bailaba con cualquier música y canción que me ponían. Así que a los 4 mi mamá me mandó a danzas árabes. Al principio la profe no me quería aceptar porque era muy chiquita. Pero cuando vio que aprendía rápido me dejó seguir”, cuenta. A pesar de que desde ese momento nunca más paró de bailar, ésta será la primera vez que compita.

La joven bailarina hoy se presenta en cuanto espectáculo puede. “He bailado en festivales, en escuelas, en cumpleaños, en casamientos, en vendimias, en la Pisada de la Uva, en Rivadavia Canta al País... Para mí todos los escenarios son importantes porque todos me enseñan algo y me hacen crecer un poquito. Desde el patio de mi casa hasta éste de Córdoba en el que voy a bailar. Es la primera vez que voy a salir de la provincia”, dice con una sonrisa tan plena que invita a imitar.

Además de árabe, Flor baila clásico desde los 7 años. Hace dos se sumergió en el mundo del folclore, enteramente atraída por el malambo. “Nunca tuve vergüenza de hacer lo que me gusta. Querer es poder y si a uno le gusta hay que hacerlo. Si es lo que te hace feliz, por más que te cierren las puertas hay que seguir”, afirma quien también es profesora de un ballet de danzas árabes. Allí, está a cargo de alumnas de entre 2 y 59 años.

“Es un grupo re lindo, al cual intento inculcarle los valores que yo incorporé desde que bailo: respeto, humildad, igualdad”, dice con sencillez la única mujer especialista en malambo de Mendoza.

Sin profesor igual se puede
Cuando Florencia se dio cuenta de que el malambo le encantaba y de que se le “eriza la piel” cada vez que lo escucha o lo ve bailar, decidió que nada le impediría desarrollar ese amor, aunque no hallara ningún profesor dispuesto a enseñarle.

“He tenido profesores que me han dicho que no me quieren enseñar porque no les gusta que las mujeres bailen malambo. Es como en las películas cuando dicen ‘a las mujeres, no’. Es horrible, feo, muy duro”, confiesa sin que se le quiebre la voz pero con alguna que otra lágrima.

Y continúa: “Tengo amigos que bailan y ellos me enseñan. Uno es Jonny, que me pasó algunas mudanzas (conjunto de pasos). Otro es Iacopo, que es mi compañero de banco en la escuela. Con él nos pasamos todo el día hablando de malambo y siempre me dice ‘Sos mi amiga y yo te amo pero no me gusta que las mujeres bailen malambo’. Igual nos llevamos muy bien”.

Ahora Flor está muy contenta, no sólo por el concurso en el que va a zapatear. También porque desde hace un tiempo una banda rivadaviense de folclore la contrató para bailar. “Hay un momento en el que me preparan todo el escenario para que yo quede sola zapateando. No puedo explicar lo mucho que me emociona cuando eso sucede, es una felicidad indescriptible”, dice con una pasión que llega a quien la escucha.

El casting sin mujeres
Hace poco decidió presentarse en este concurso creado por un reconocido malambista cordobés llamado Cristian Maldonado. El casting, que tuvo lugar en las principales ciudades del país, pasó por Mendoza en febrero y se realizó en el espacio cultural Le Parc. Hasta ahí llegó Flor junto a su mamá Mari y dos de sus hermanas.

“El concurso estaba destinado a varones pero como en ningún lugar decía que no podían ir mujeres, yo fui igual. Cuando llegué nos recibió Cristian que con sorpresa -al ver que éramos todas mujeres- nos preguntó quién haría la prueba. Cuando le dije que yo se puso contento y me alentó”, recuerda Flor.

Al respecto, en una entrevista a Maldonado publicada en la web www.boletinfolklore.com.ar, el experto malambista cuenta: “En la elección de Mendoza se presentó una chica. Fue muy fuerte para nosotros, porque el malambo está visto como una disciplina para hombres. Ya lo habíamos hablado con Ariel Ledesma (con quien salimos de gira a las sedes), sobre qué pasa si se presentan mujeres. Bueno, para nosotros es genial que lo hagan, precisamente en esto de renovar vale. La participante nos decía que nadie la apoyaba pero que ella igual había aprendido sola y quería participar. Por supuesto salió elegida....”.

Sello personalísimo
Florencia no sólo ha tenido que lidiar con el hecho de que nadie la quiera instruir en el baile sino también con el tema de la vestimenta típica que se usa para esta disciplina “de hombres”. Su tía (que es su fan número dos, ya que la número uno -obvio- es su mamá) le regaló las botas, la ropa se la diseña ella misma y es su mamá quien se la cose.

“Los varones usan todos colores oscuros, como negro y marrón. A mí no me gustan así que decidí diseñar mi propio vestuario. El primero que usé fue una bombacha ancha (igual a las que se ponen ellos) y un chaleco rosados con un pañuelo floreado. Además tengo trajes verde manzana, violeta, naranja..”, asegura la incansable adolescente, que cierra asegurando: “Voy a bailar hasta que Dios me dé salud para hacerlo”.

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